El otoño había avanzado como una enorme oleada sobre la ciudad, el ardor, el fuego típico del verano con sus risas, sueños y pequeñas promesas, no había dejado rastro. El sol, el viento y la arena pronto se habían esfumado, así, como por arte de magia, como si nunca hubiera estado allí o simplemente habría sido olvidado llevándose consigo hasta el más diminuto recuerdo, dejando a la deriva a miles de almas, almas en pena y almas enamoradas, almas mojadas y secas, almas valerosas y almas mediocres. Los sentimientos se fueron apagando poco a poco, como una luz tenue en una noche de lluvia o los relámpagos al final de la tormenta.
Las esencias, los espíritus y las fragancias, sufrieron el despojo del verano como nunca antes.
Sin embargo, fue una ola helada, no se asemejaba a ninguna otra. Como un espasmo, una respiración ahogada, apareció, sin siquiera reverenciar a sus invitados, apareció sin más. Congelando todo a su alrededor, extinguiendo los momentos felices. Y sin embargo, pronto, en alguna parte, dos manos entrelazaron sus dedos. De repente, sucedió.
Quién sabe en dónde, pero no importó el lugar, o el tiempo exacto. Dos almas, ¡eran dos almas uniendose en una! sumergiéndose, oprimiéndose, zambulliéndose una a la otra. La presión era tal que, ambos, ambos eran uno. Se rozaron las manos, cada dedo se escondió junto a otro, acariciándose, tocándose de cuerpo y alma. Se fundía el amor. La fuerza de aquellas manos era, inexplicable. La energía fluía por las venas, la sangre hervía recorriendo cada centímetro de su piel.
Pronto, como un hechizo, alrededor de estas almas se encendió un halo de luminosidad que brilló con una potencia incomparable, dejando atrás por eternos segundos, la obscuridad que los asfixiaba. Irradiaban armonía, paz. Al fin ignoraron el frío fastidioso para empaparse de aquella intensa energía. Era amor en su estado puro, haciendo su más resplandeciente aparición, arrebatando miles de suspiros, robando carcajadas y quitando hasta la más pequeña sonrisa. La fuerza más grande que alguna vez existió.
viernes, noviembre 2
lunes, julio 2
lunes, junio 4
Fragmento
El movimiento constante, nervioso, el movimiento silencioso y ensordecedor, idas y vueltas, marcan el ritmo atónito de la desolación. La soledad la embrigaba, pronto se vió sumergida en un océano puro de lágrimas saladas. De sus labios brotaban gritos de auxilio, estaba (una vez más) empapada de dolor. El movimiento provenía de sus piernas temblorosas, no cesaba. Su corazón reclamaba atención, ansioso, desesperado, no sabía qué hacer con su miserable vida.
Amor, por favor, le susurraba a la brisa que acariciaba sus mejillas.
Su cuerpo pesaba
su alma también.
Creía que nadie podría rescatarla de aquel tormento, se rendiría ante las garras oscuras del abismo, caería lentamente, se recostaría en el regazo de la desolación sin otra alternativa. Se entegaría al tic-toc perturbador que latía tras ese antiguo reloj que reposaba en su muñeca, del cual era cautiva, estaba allí presente siempre para recordarle con qué rapidez se esfumaba cada maldito segundo, sin tener siquiera la sóla oportunidad de despedirlo. Las agujas remarcaban la tristeza que se apoderaba fugazmente de su ser.
martes, marzo 20
Sentir, cuán difícil es
Mi cabeza da vueltas, retorcidas, confusas, inhóspitas. Mis sentimientos se enredan, se ríen, juegan conmigo, hacen que pierda la razón, cada día logro desentenderme un poco más y así es como vivo, así pasan mis dias. Perdiendome dentro de mí
Se me hace tan difícil comprender(me), es un tanto ilógico, contradictorio, debería resultarme mucho ¡más fácil!...¿no? Por lo tanto esto me lleva a una conclusión, convivo con un enorme carrusel que marea, me marea, de vez en cuando se calma, dejándome respirar por unos pocos días pero siempre vuelve. Esto trae aparejado un gran problema: inconstancia de sentimientos, ¡uf y cuánto cuesta coexistir con ello!
A veces, (a veces que se vuelven siempre) siento un gran odio interno, se genera de pronto y sin aviso, maldigo no poder acabar con el dilema, nada me gustaría más que despertar cada día asegurándome de las emociones que atraviesa mi corazón, decidida al fin de qué hacer con cada una de las cosas que trasciendo. Lindo sería que suceda de una vez por todas.
Se me hace tan difícil comprender(me), es un tanto ilógico, contradictorio, debería resultarme mucho ¡más fácil!...¿no? Por lo tanto esto me lleva a una conclusión, convivo con un enorme carrusel que marea, me marea, de vez en cuando se calma, dejándome respirar por unos pocos días pero siempre vuelve. Esto trae aparejado un gran problema: inconstancia de sentimientos, ¡uf y cuánto cuesta coexistir con ello!
A veces, (a veces que se vuelven siempre) siento un gran odio interno, se genera de pronto y sin aviso, maldigo no poder acabar con el dilema, nada me gustaría más que despertar cada día asegurándome de las emociones que atraviesa mi corazón, decidida al fin de qué hacer con cada una de las cosas que trasciendo. Lindo sería que suceda de una vez por todas.
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